A jugar

¡Hago lo mismo que tú!

A los niños les encanta imitar las actividades cotidianas de sus padres, y ponen todo su esfuerzo en ello.

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Para ellos, los juegos son mucho más que una fuente de diversión: jugar es fundamental para llegar a conocerse a sí mismos y al entorno que les rodea. Desde las primeras exploraciones de objetos a un conocimiento consciente de la realidad.

La importancia de dar buen ejemplo.

El sentido de la realidad que construyan se basará en parte en el proceso de imitación. Por eso, durante el segundo año de vida, los niños empiezan a imitar las situaciones que ven a su alrededor: empiezan a interpretar el entorno familiar de una forma creativa y se aficionan a imitar las actividades de los adultos, eligiendo juegos que simulan el mundo de los mayores.

Mamá en la cocina preparando la cena; el mecánico que repara el coche de papá; el carpintero que arregla el mueble de los abuelos... todos ellos se convierten en irresistibles ejemplos de imitación.

A los niños de esta edad les gusta interpretar estos papeles: los veremos pasando el plumero por los muebles, arreglando pequeños objetos o regando las plantas. Estos “trabajos” mantienen al pequeño ocupado... y observar su adorable torpeza es un espectáculo digno de verse.

Todas estas actividades son grandes estímulos para el desarrollo cognitivo del niño pues le permiten construir su propia imagen y desarrollar un sentido de identidad propia.

Ayudémosles con los juguetes adecuados.

Por todo lo dicho, los juguetes que imitan los objetos de los adultos son la opción ideal a esta edad, y harán las delicias del pequeño.

A una edad en la que tienen mayor capacidad de entender los sonidos del idioma, conviene darles juguetes bilingües que no solo les ayuden a imitar las actividades adultas, sino a familiarizarse con las primeras palabras de un idioma extranjero en un contexto divertido y ameno.

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